Quiero un gobierno para la libertad

0
Anuncio

Análisis a Fondo

No olvidéis que López Obrador tiene el pleno poder

Su voto no sólo fue castigo al PRI, sino simpatía por él

Por Francisco Gómez Maza

El panorama político, económico y social es muy alentador para Andrés Manuel López Obrador, como un producto milagro que se repite cada seis años, y para las grandes comunidades de pobres, de gente que no gana ni siquiera el salario mínimo y cuya expectativa es salir de esa situación de desesperanza.

Los 30 millones de mexicanos que le dieron el triunfo a López Obrador votaron, no sólo para castigar al PRI por los actos de corrupción del gobierno de Enrique Peña Nieto, sino también lo hicieron por Andrés Manuel, quien llega con poder pleno, porque, además, cuenta con el voto mayoritario del Congreso de la Unión.  Y todo por tenaz, muy tenaz, Y está en condiciones de hacer lo que quiera. Y espero que para bien de los mexicanos y no para beneficio personal.

Las minorías, ahora muy enojadas con el nuevo presidente, porque están dolidas por la derrota vergonzante, indudablemente tienen que ser tomadas en cuenta por el presidente, impregnándoles confianza en que los objetivos que se plantea de justicia social pueden lograrse mediante la fraternidad, aunque en estos momentos no se quiera entender esta sugerencia o se califique de mocha, de religiosa.

Y no hay que olvidar que López Obrador ha estado actuando fuera de la institucionalidad, como presidente electo, que no es presidente constitucional sino hasta el primero de diciembre. Y no se valen aquí ni chairos ni fifís porque ambos no tienen razón sino encono y ambos son impulsores de la violencia verbal con la que se tratan los unos a los otros.

Lo único real es que este país se desembarazó de un viejo régimen autoritario, antidemocrático, corrupto, impune, simulador, cínico, pero el nuevo gobierno tiene que tomar conciencia de que hay que acabar con esos males, pero hay que construir alternativas nuevas, frescas, como la participación de los medios de información democratizadores de la información y voceros de quienes no tienen voz, de las organizaciones sociales no gubernamentales, de las comisiones de defensa de los derechos humanos, de los defensores de los derechos de las mujeres y de los niños y ancianos, entre otros.

Sin embargo, Andrés Manuel tiene que tomar conciencia de que es como una sartén de esas que presentan en la televisión como un producto milagro. Es un producto milagro, odiado por unos y amado por otros porque así es la idiosincrasia del mexicano: odia o ama porque así se lo dicta el corazón, porque así lo educaron sus padres, sobre todo la madre, no porque tenga argumentos racionales para ello. Y ojo. Esta polarización puede jugar sucio a la armonía en la que debe entrar la sociedad mexicana para aceptar de Andrés Manuel lo que es razonable y justo y rechazar lo que no va con la idiosincrasia del pueblo mexicano.

Los apoyadores, los aplaudidores, va a estar muy difícil, pero tienen que razonar su apoyo porque, en un momento dado, pueden caer en la desilusión que no en la decepción. Pueden convertirse en lo peor: en aduladores. Los contrarios, los llamados despectivamente fifís, tienen que hacer lo mismo. Racionalizar su oposición. Oponerse a qué y por qué. Y aceptar el diálogo que construye salidas, que da luz al entendimiento de las cosas. De otra suerte, sobrevivirán un sexenio entre la decepción y la amargura.

Sólo mediante este ejercicio de racionalizar las posturas podremos lograr si no una empatía con el gobernante, si una especie de tolerancia, de aceptación y no a la fuerza. Qué bueno que los muy pobres mejoren sus condiciones de vida, hecho que les negaron los llamados gobiernos de la revolución. Ya es hora de que tengan las mismas oportunidades que las minorías. Que las minorías tienen que pagar algo para que la igualdad se logre. Igual. Lo que aporten será como quitarle un pelo al gato.

Pero en lo que todos debemos estar muy pendientes, muy observantes, muy cuidadosos es en que el gobierno de López Obrador no opte por el autoritarismo, que como en un proceso orwelliano nos llevará a la bancarrota moral, como le ha ocurrido a muchas sociedades. El ser humano es muy digno de ser servido por un gobierno netamente democrático, por un presidente que, si se le cae el café, tenga la humildad de coger una jerga para limpiar el piso sin necesidad de que sus ayudantes llamen al personal de limpieza para que lo seque. Yo si quiero un cambio en el sentido de las manecillas del reloj. No un retroceso. Que se eduque para la libertad, ésta es la clave. Que se eduque para la duda  para que el alumno dude hasta de lo que dice el libro, hasta de lo que dice el maestro y, por sí mismo, encuentre la verdad que hace seres humanos libres. Nunca más gobiernos autoritarios como los del PRI. Y menos caudillos.