Y Alejandro Murat llegó

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Hijo de José Murat, exgobernador del mismo estado y recordado sobre todo por el saqueo realizado, Alejandro confirma en su persona la máxima de Ortega y Gasset quien sentenció: origen es destino.   

Hoy, en medio de presiones magisteriales de la 22, con las que los dirigentes de esa sección dan la bienvenida al hijo del uno de sus más viejos socios y conocidos, Murat Jr. entra de lleno en el juego del soborno.

Todos en Oaxaca y fuera saben que a los de la 22 es fácil someterlos, sólo hay que enviarles el portafolio de los billetes. Un juego por demás usado cuando José Murat era el gobernador.

Hoy este juego podría apenas ser el inicio de la aplicación del refrán que dice que ladrón que roba a ladrón tiene 100 años de perdón.  

En fin, Alejandro -a quien ya desde que era candidato se le veía como el “Juanito” de su papá-, llega a la gubernatura luego de “sortear” una serie de hechos que lo colocan en la ilegitimidad evidente:

De entrada, no es oaxaqueño como lo demanda la Constitución estatal, pues nació el 4 de agosto de 1975 en Tlalnepantla, Estado de México.

No cumplía tampoco con los 5 años de residencia anteriores a su nominación al cargo.

No vivió ni estudió en Oaxaca. Es egresado de Derecho del ITAM, y tiene 2 maestrías, una de Relaciones Internacionales y otra de Derecho por la Universidad de Columbia en Nueva York.

De regreso a México -según dicen, por recomendación de José Murat Casab-, el entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto lo designó primero como Director General del Instituto de la Función Registral, para después enviarlo al proceso de fundación de la Comisión Especial para la Competitividad y Desarrollo Regional del estado de México, en la cual lo colocó como su titular para finalmente transferirlo a la dirección del Sistema de Radio y Televisión Mexiquense. Al salir del gobierno estatal, Peña lo premió con una Notaría.

Pero la protección no quedó ahí. Una vez que el de Atlacomulco llegó a Los Pinos, lo designó director del Infonavit de donde brincó a la candidatura del PRI a la gubernatura de Oaxaca.

Como candidato Alejandro Murat registró una fortuna de 22 millones 509 mil 430 pesos a través de 11 propiedades y declaró ser dueño de un automóvil Passat 2005 con un costo de 850 mil pesos, más menaje de casa por 1 millón de pesos; joyas recibidas de una herencia valuadas en 200 mil pesos, así como obras de arte con valor de 500 mil pesos.

Junto con su esposa Ivette Morán de Murat, declaró tener 2 inmuebles más -1 en Oaxaca y 1 más en Mérida- y confirmó participar en 12 empresas del sector inmobiliario, transporte, comercial y de servicios, 1 en Estados Unidos de nombre Loma AEAI, LLC, de la que es dueño del 50 por ciento de sus acciones.

Sin embargo, en febrero del año pasado, The New York Times reveló que Alejandro y su familia, así como su padre, eran propietarios de al menos 6 inmuebles en Manhattan y en otros sitios de EU.

El ahora gobernador se enredó en una explicación poco convincente para señalar que ni él ni su esposa eran los dueños, sino solo intermediarios en la compra de esos inmuebles.

Por menos que eso la PGR persigue hoy a Javier Duarte, desde hoy también exgobernador de Veracruz.

SIN PALABRA

Durante su campaña, constantemente enfrentado al negro historial de su padre, Alejandro llegó a prometer:

“Mientras yo esté aquí, mi papá no pisará el estado”.

No era algo inusual. La vida está llena de repudios de hijos hacia sus padres.

Sólo que en el caso de Alejandro su promesa confirmaba la calidad delincuencial del padre.

Sabía el hijo que hiciera lo que hiciera, prometiera lo que prometiera, nunca podría deshacerse de su padre.

“Es mi padre y eso no va a cambiar nunca… Yo le tengo cariño y admiración como hijo… pero políticamente lo más saludable es que haya distancia”, dijo entonces.

Entonces llegó a señalar que él no era igual que su padre.

Y pidió ser juzgado por su propia historia.

Hoy esa historia arrancó con la presencia de su padre, del exgobernador José Murat en el acto de toma de posesión de Alejandro.

Era de esperarse. Uno como el otro lo que menos tienen es respeto por su palabra. A ver quién les cree que no van a saquear de nuevo a Oaxaca.

LA PROPUESTA DEL PAN

Reabierto el debate legislativo para elegir al Fiscal General de la Nación, a la propuesta de reforma del presidente Enrique Peña Nieto que sugiere retrasar a 2017 ese nombramiento, ayer se sumó una nueva propuesta del PAN.

Los senadores blanquiazules entregaron formalmente ayer su propuesta que pide que el Fiscal General, que durará 7 años en el cargo y será inamovible, no haya desempeñado cargo o dirección en ningún partido político por lo menos seis años previos a su nombramiento.

En esta misma iniciativa se contempla que los fiscales especiales – el de derechos humanos, el electoral y el anticorrupción-, tengan el mismo nivel de importancia.

Estos serían designados por 5 años improrrogables, y que sólo puedan ser removidos por el Senado a petición del 33 por ciento de los integrantes del Pleno.

La propuesta del GPPAN reformaría la fracción XIII del artículo 76; los párrafos segundo y tercero, las fracciones IV y V, los párrafos quinto, sexto y séptimo del Apartado A del artículo 102 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, se indicó.

Por supuesto que la iniciativa fue turnada a las comisiones unidas de Puntos Constitucionales, de Gobernación, de Reforma del Estado, Estudios Legislativos, Primera y de Estudios Legislativos, Segunda donde se confrontará con la iniciativa última enviada por el Presidente Enrique Peña Nieto.