Obliga transición energética cambios radicales en estilo de vida

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Ciudad de México, México.– Es inevitable la transición energética mundial hacia fuentes renovables, pues la era de los combustibles fósiles encabezada por el petróleo va en declive, se han explotado los yacimientos accesibles y someros, y los que quedan en el mundo son cada vez más profundos, pequeños, en zonas difíciles de explorar y caros de extraer, enfatizó el investigador del Centro de Geociencias de la UNAM, Luca Ferrari Pedraglio.

Llegamos a un punto donde debemos pensar en un proceso social y ambientalmente sostenible, donde vivamos todos, pobres y ricos, dentro de los límites planetarios que son finitos, afirmó en la conferencia “El futuro de la energía”, la primera del ciclo Avances humanísticos y científicos mexicanos, organizado por el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (CONHACYT).

“Para que además de justa sea sustentable, la transición debe acompañarse de cambios radicales en el estilo de vida de una parte de la población y en la economía global basada en el intercambio desigual”, acotó.

Explicó que la humanidad vivió de los flujos renovables de energía durante miles de años, hasta que encontró los combustibles fósiles. Los seres humanos primitivos consumían, en promedio, 100 watts por habitante, cifra que aumentó a 300 en las culturas de cazadores recolectores y subió a 500 en la civilización agrícola avanzada.

“Para la civilización industrial la cifra aumentó a tres mil 500 watts por habitante, y después de la civilización tecnológica consumimos 12 mil watts per cápita”, alertó el geólogo y doctor en Ciencias de la Tierra.

Durante el encuentro híbrido realizado en el auditorio del CONHACYT y ante Alejandra Elodia Straffon Díaz, directora de Energías y Cambio Climático del organismo, quien fungió como presentadora, Ferrari Pedraglio dijo que la gran aceleración en el consumo mundial de energía ha sido en los últimos 70 años.

“Actualmente no hay una sustitución, sino una acumulación de fuentes energéticas”. Los combustibles fósiles siguen dominando la matriz en la materia con 76 por ciento, mientras que las renovables representan solo 20 por ciento de la energía primaria total, precisó.

“La principal fuente renovable es la biomasa para uso no eléctrico (9 por ciento del total), seguida por la hidroeléctrica (6.4 por ciento); solar y eólica (4.5 por ciento)”, expuso.

De acuerdo con el experto, la energía es un sistema complejo que tiene que ver con diversas actividades y en estas últimas décadas aumentó la población, el producto interno bruto, los fertilizantes, la producción de alimentos, el uso del agua, las telecomunicaciones, el transporte, turismo, y con ello las emisiones contaminantes de dióxido de carbono, metano y óxido de nitrógeno, entre otras sustancias. Además, las pesquerías, acuacultura, deforestación y territorios agrícolas”.

El científico recordó que nuestro principal problema ecológico es el rebasamiento de los límites del planeta, del cual el calentamiento global es solo un síntoma.

La sostenibilidad, prosiguió, no se puede reducir a medir gramos de dióxido de carbono y proponer soluciones tecnológicas, sino a cambiar hábitos de consumo y reducir el gasto energético.

Ferrari Pedraglio destacó que el crecimiento económico no nos ha llevado a mayor justicia. “Entre 1990 y 2015 los países del norte global han continuado extrayendo recursos materiales, energéticos y económicos del sur global. Solo en 2015 esto sumó 10.8 billones de dólares (trillones de Estados Unidos), suficientes para acabar con la pobreza extrema 70 veces, o equivalente a una cuarta parte del producto interno bruto del norte”.

A nivel global, uno por ciento de la población tiene 38 por ciento de la riqueza, mientras 50 por ciento solo dos por ciento. En México, 10 por ciento posee 65 por ciento, mientras 50 por ciento tiene cinco por ciento, agregó.

La economía es un subsistema que depende de la energía y las materias primas, el cual produce desechos. “El crecimiento infinito es físicamente imposible y ambientalmente dañino, pero es intrínseco al sistema económico dominante basado en el extractivismo. Un sistema que no ha proporcionado un desarrollo justo”, indicó.

“La dependencia energética (pero también alimentaria y económica) de México con Estados Unidos es un factor de riesgo creciente a medida que el vecino país enfrenta un declive en su hegemonía militar, financiera y económica”, indicó.

Las renovables ecológicamente sostenibles no pueden mantener el nivel de consumo del sistema actual, que además es injusto y tampoco ha proporcionado mejora sustancial en la calidad de vida de la mayoría, finalizó.